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Las indulgencias para las almas del Purgatorio

Las indulgencias aplicadas a las almas del Purgatorio

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¿Qué es una indulgencia?

Una indulgencia es un don de la misericordia de Dios que la Iglesia concede para remitir la pena temporal debida por los pecados cuya culpa ya ha sido perdonada (Catecismo, n. 1471, que recoge la definición de san Pablo VI en Indulgentiarum doctrina).

Cuando una persona se arrepiente sinceramente y recibe el Sacramento de la Reconciliación, Dios perdona sus pecados. Sin embargo, puede permanecer una pena temporal que requiere purificación. Esta purificación puede realizarse en esta vida mediante la oración, la penitencia, las obras de caridad y la aceptación cristiana del sufrimiento, o después de la muerte en el Purgatorio.

La indulgencia ayuda a remitir esa pena temporal gracias a los méritos infinitos de Jesucristo, unidos a los de la Santísima Virgen María y de todos los santos.

Por ello, la Iglesia habla del tesoro de la Iglesia, constituido por el valor infinito e inagotable de los méritos de Cristo y por las oraciones y buenas obras de la Virgen María y de todos los santos.

¿Qué diferencia hay entre el perdón del pecado y la indulgencia?

Es importante no confundir ambos conceptos.

El Sacramento de la Reconciliación perdona la culpa del pecado y restablece nuestra amistad con Dios.

La indulgencia, en cambio, remite la pena temporal que permanece después del perdón.

Podemos comprenderlo con un ejemplo sencillo.

Un hijo rompe el cristal de una ventana. Su padre lo perdona porque está arrepentido, pero el cristal sigue roto y necesita ser reparado. Del mismo modo, aunque Dios nos perdona, el alma necesita ser plenamente purificada de las consecuencias que el pecado ha dejado.

La indulgencia es un don de la misericordia de Dios que contribuye a esa purificación.

¿Qué es la pena temporal?

Todo pecado tiene consecuencias.

Incluso después del perdón sacramental, pueden permanecer en el alma ciertos desórdenes o apegos desordenados que necesitan ser purificados.

La Iglesia llama a esta realidad pena temporal.

No debe entenderse como un castigo impuesto por Dios desde fuera, sino como una consecuencia del mismo pecado. La purificación forma parte de la obra misericordiosa de Dios, que quiere sanar plenamente el corazón del hombre y prepararlo para la comunión perfecta con Él.

¿Qué es una indulgencia plenaria y una parcial?

La Iglesia distingue dos tipos de indulgencias:

Indulgencia plenaria

Remite totalmente la pena temporal debida por los pecados ya perdonados.

Indulgencia parcial

Remite solo una parte de esa pena temporal.

Ambas son un gran don espiritual y manifiestan la solicitud maternal de la Iglesia por la santificación de sus hijos.

¿Se pueden ofrecer las indulgencias por las almas del Purgatorio?

Sí.

La Iglesia enseña que las indulgencias pueden aplicarse a uno mismo o a los fieles difuntos.

Las almas que se purifican en el Purgatorio pueden ser ayudadas por los sufragios de la Iglesia, especialmente por el Santo Sacrificio de la Misa, así como por las oraciones, las limosnas, las obras de penitencia y las indulgencias ofrecidas por ellas.

De este modo, los fieles que aún peregrinamos en la tierra podemos ejercer una auténtica obra de caridad con quienes esperan entrar definitivamente en la presencia de Dios.

¿Cómo se obtiene una indulgencia plenaria?

La Iglesia establece determinadas condiciones para obtener una indulgencia plenaria.

Entre ellas se encuentran la confesión sacramental, la recepción de la Sagrada Comunión, la oración por las intenciones del Santo Padre y la realización de la obra indulgenciada con la debida disposición interior, incluyendo el desapego de todo pecado, incluso venial.

Estas condiciones manifiestan el deseo sincero de conversión y de unión con Cristo.

Algunas obras indulgenciadas

La Iglesia concede indulgencias en numerosas ocasiones. Entre las más conocidas se encuentran:

  • La adoración al Santísimo Sacramento durante al menos treinta minutos.

  • La lectura orante de la Sagrada Escritura durante al menos treinta minutos.

  • El rezo del Santo Rosario (al menos cinco decenas seguidas, meditando los misterios) en una iglesia u oratorio, en familia, en comunidad o en una asociación de fieles.

  • El ejercicio piadoso del Vía Crucis.

  • La visita a un cementerio entre el 1 y el 8 de noviembre, rezando por los difuntos.

  • La visita piadosa a una iglesia u oratorio el 2 de noviembre (o, con permiso del obispo, el domingo anterior o posterior, o el día de Todos los Santos), rezando allí un Padrenuestro y un Credo. Estas dos indulgencias de noviembre solo se pueden aplicar a las almas del purgatorio (Manual de Indulgencias, conc. 29).

Estas indulgencias pueden aplicarse por las almas del Purgatorio.

¿Podemos saber qué alma recibe nuestra indulgencia?

No.

Cuando ofrecemos una indulgencia por un difunto, confiamos plenamente en la sabiduría y misericordia de Dios.

Aunque no podamos conocer el fruto concreto de nuestra oración, tenemos la certeza de que Dios acoge con amor toda obra realizada por caridad y la aplica según su voluntad.

La comunión de los santos y las almas del Purgatorio

La ayuda que prestamos a las almas del Purgatorio tiene su fundamento en la comunión de los santos.

Todos los bautizados formamos un solo Cuerpo en Cristo: la Iglesia peregrina en la tierra, la Iglesia que se purifica y la Iglesia gloriosa del Cielo permanecen unidas por un vínculo de caridad.

Por ello, la Iglesia enseña que nuestra oración por los difuntos puede ayudarles en su purificación y que esta comunión espiritual hace también eficaz su intercesión en nuestro favor, según dispone Dios en su misericordia.

¿Por qué es una obra de misericordia tan importante?

Ayudar a las almas del Purgatorio es una de las obras de misericordia espirituales más hermosas que puede realizar un cristiano.

Mediante nuestras oraciones, sacrificios, limosnas, indulgencias y, sobre todo, el Santo Sacrificio de la Misa, participamos en la comunión de los santos y manifestamos la caridad que une a toda la Iglesia.

La muerte no rompe esta comunión. El amor cristiano continúa más allá de esta vida y nos impulsa a pedir por quienes aún esperan contemplar plenamente el rostro de Dios.

Conclusión

Las indulgencias son un precioso don que Cristo ha confiado a su Iglesia para ayudar a los fieles en su camino de santificación y para socorrer a los difuntos que se purifican antes de entrar en la gloria del Cielo.

Ofrecer una indulgencia por las almas del Purgatorio es un acto de fe, esperanza y caridad. Es confiar en la misericordia de Dios y participar en la comunión de los santos, sabiendo que nuestras oraciones nunca son inútiles.

Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, podemos ayudar a los fieles difuntos obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados. Esta práctica, recomendada desde antiguo por la Iglesia, nos recuerda que el amor cristiano trasciende la muerte y que todos estamos llamados a ayudarnos mutuamente hasta que un día nos reunamos para siempre en la presencia de Dios.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas indulgencias plenarias puedo ganar al día?

Solo una al día (salvo la que se concede en peligro de muerte). Las parciales, en cambio, se pueden ganar varias veces en el mismo día.

¿Tengo que confesarme y comulgar el mismo día?

No. Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la obra, aunque conviene comulgar y rezar por el Papa ese mismo día. Una confesión sirve para varias plenarias; la comunión y la oración por el Papa, para una sola. Basta un Padrenuestro y un Avemaría por sus intenciones.

¿Puedo ganar una indulgencia por un familiar que está vivo?

No. Las indulgencias se ganan para uno mismo o se ofrecen por los difuntos, nunca por otra persona viva (Catecismo, n. 1471). Por los vivos puedes rezar y ofrecer sacrificios.

¿Y si no consigo cumplir todas las condiciones?

Si falta la disposición plena o alguna de las condiciones, la indulgencia no es plenaria, sino parcial. No se pierde lo hecho: Dios acoge esa oración.

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