20 de octubre de 2026
Las glorias de María: san Alfonso y las almas del purgatorio
Por Marc Millet
En Las glorias de María (1750), san Alfonso María de Ligorio dedica un apartado entero a explicar que la Virgen socorre a sus devotos en el purgatorio. Y lo cierra con un consejo muy concreto: si quieres ayudar a esas almas, ruega a María por ellas y ofréceles sobre todo el Rosario.
San Alfonso y su libro más leído
San Alfonso María de Ligorio nació en Nápoles en 1696. Fue un abogado brillante que lo dejó todo para hacerse sacerdote. En 1732 fundó la Congregación del Santísimo Redentor, los redentoristas, para predicar a la gente más pobre del campo. Fue obispo de Sant’Agata dei Goti y murió en 1787.
La Iglesia lo canonizó en 1839 y en 1871 lo declaró doctor de la Iglesia, es decir, maestro seguro de la fe para todos. Benedicto XVI, en una audiencia dedicada a él en 2011, citó Las glorias de María entre las obras suyas que todavía «se leen con gran provecho» (vatican.va).
Cómo está organizado
El libro se publicó por primera vez en Nápoles en 1750. Tiene dos partes:
- La primera comenta, frase a frase, la Salve. Cada capítulo explica unas palabras de la oración y termina con un ejemplo y una oración a la Virgen.
- La segunda recorre las fiestas de María, sus dolores y sus virtudes, y termina con una serie de «obsequios», que son prácticas de devoción a la Virgen. Uno de ellos es el Rosario.
Lo que vas a leer aquí sale del capítulo VIII de la primera parte, el que comenta «Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre». Su segundo apartado se titula «María socorre a sus devotos en el purgatorio».
Citamos por una traducción española de 1879, que está digitalizada y es de dominio público (archive.org). Hemos actualizado los acentos.
¿Qué dice san Alfonso de la Virgen y el purgatorio?
El apartado empieza así: «Muy felices son los devotos de esta piadosísima Madre», porque la Virgen los socorre en esta vida y también en el purgatorio, «asistiéndoles y consolándoles con su protección».
Y da la razón: esas almas no pueden aliviarse por sí mismas. Por eso, dice, esta Madre de misericordia se ocupa con más eficacia en socorrerlas.
Es una idea sencilla y muy católica. El purgatorio es la purificación final de quienes mueren en gracia de Dios, y la Iglesia siempre ha rezado por ellos (Catecismo, n. 1032). Si María es Madre de todos los que pertenecen a Cristo, también lo es de quienes se purifican antes de entrar en el cielo.
Lo que recoge de otros santos
San Alfonso escribe como se escribía en su tiempo: reuniendo lo que dijeron santos y autores anteriores. Por ejemplo:
- Recoge que san Bernardino de Siena atribuía a María un verdadero dominio sobre el purgatorio, tanto para aliviar a las almas como para librarlas.
- Recoge que la Virgen reveló a santa Brígida de Suecia que ella era la Madre de todas las almas del purgatorio, y que sus penas se iban mitigando por sus ruegos.
- Cita a san Vicente Ferrer, que alababa lo bondadosa que es la Virgen con esas almas.
- Y recoge relatos piadosos más llamativos: almas liberadas en las fiestas de la Virgen, o un número enorme de almas que habría salido del purgatorio el día de la Asunción.
Conviene leer esto con calma. Las revelaciones a santos son revelaciones privadas: la Iglesia no obliga a creerlas. Y los relatos de almas liberadas en tal día o en tal número no son doctrina de fe. Lo que sí es doctrina es lo esencial: que María intercede por nosotros como Madre, también después de la muerte, y que nuestra oración ayuda a los difuntos.
El Rosario, «de grande alivio» para las almas
Al final del apartado, san Alfonso pasa a lo práctico. Esta es la frase que une su libro con este mes de octubre:
«Y si deseamos ofrecer sufragios a las almas del purgatorio, roguemos a la santísima Virgen en nuestras oraciones, aplicando por ellas especialmente el santísimo Rosario, que les sirve de grande alivio». (Las glorias de María, parte I, cap. VIII, § II)
Un sufragio es una oración u obra buena que se ofrece por un difunto. San Alfonso no se queda en la teoría: entre todas las oraciones posibles, recomienda el Rosario.
Un ejemplo al estilo de su época
Como en todos los capítulos, después viene un ejemplo. San Alfonso lo toma del jesuita Eusebio Nieremberg. Cuenta la historia de una joven, devota del Rosario, que murió de forma violenta y a la que santo Domingo pudo confesar. Pasado un tiempo, según el relato, se le apareció ya libre del purgatorio y le dijo que uno de los principales sufragios que reciben esas almas es el Rosario que se reza por ellas, y que, al llegar al cielo, ruegan por quienes se lo ofrecieron.
Es un relato edificante, contado al modo de los libros de devoción de entonces, y no hay que leerlo como una crónica histórica. Pero la enseñanza es buena y sigue en pie: el Rosario que ofreces por un difunto no se pierde.
Lo que dice del Rosario en la segunda parte
En la segunda parte, en el apartado sobre el Rosario, san Alfonso da dos consejos que valen para hoy:
- Mejor despacio. Recoge una revelación a la beata Eulalia según la cual la Virgen agradecía más cinco decenas rezadas con pausa y devoción que quince rezadas deprisa.
- Mejor acompañado. Dice que aprovecha mucho más rezar el Rosario en compañía de otros que rezarlo solo.
También enumera las indulgencias del Rosario que existían en su tiempo. Esas concesiones ya no están en vigor. Hoy rige el Manual de indulgencias de 2004, que concede la indulgencia plenaria del Rosario cuando se reza en una iglesia, en familia o en grupo, con las condiciones habituales. Esa indulgencia se puede aplicar a un difunto.
Cómo vivir hoy lo que enseña san Alfonso
Su libro tiene casi tres siglos, pero el consejo cabe en tu día a día:
- Ofrece el Rosario por las almas. Entero o una decena, por tus difuntos y por los que nadie recuerda.
- Termina con una Salve. Todo el libro es un comentario a la Salve. Rezarla al acabar el Rosario, pensando en las almas del purgatorio, es una forma muy alfonsiana de pedir por ellas.
- Pide ayuda a la Virgen con una oración propia. Tienes una en Ayúdame a sacar almas del purgatorio.
- Aprende de otros santos del Rosario. Ayer lo vimos en el Padre Pío y el Rosario, y antes en El secreto admirable del Santo Rosario de san Luis de Montfort.
La Misa, el mayor sufragio
Entre todos los sufragios, la Iglesia destaca en particular el sacrificio eucarístico (Catecismo, n. 1032). El Rosario prepara el corazón; la Misa hace presente el sacrificio de Cristo.
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ContinuarPreguntas frecuentes
¿Qué es Las glorias de María?
Es un libro de san Alfonso María de Ligorio publicado en Nápoles en 1750. La primera parte comenta la Salve frase a frase; la segunda trata de las fiestas, los dolores y las virtudes de la Virgen y de varias devociones marianas.
¿En qué capítulo habla del purgatorio?
En la primera parte, capítulo VIII, apartado segundo: «María socorre a sus devotos en el purgatorio». Termina recomendando ofrecer el Rosario por esas almas.
¿Hay que creer todo lo que cuenta el libro?
No. Los relatos y las revelaciones a santos que recoge son devociones privadas, que la Iglesia no obliga a creer. Lo que sí enseña la Iglesia es que María intercede por nosotros y que la oración por los difuntos les ayuda.
¿Siguen vigentes las indulgencias que menciona?
No. Son las de su época. Hoy rige el Manual de indulgencias de 2004, que concede indulgencia plenaria por el Rosario rezado en iglesia, en familia o en grupo, con las condiciones habituales.
¿Dónde puedo leer el libro?
Hay ediciones antiguas en español digitalizadas en bibliotecas en línea, como la de 1879 que citamos, y también ediciones modernas en librerías religiosas.