Saltar al contenido
Consagrarse
Mi cuenta

14 de octubre de 2026

Misterios dolorosos: ofrécelos por las almas del purgatorio

Por

Los misterios dolorosos del Rosario son cinco escenas de la Pasión de Jesús, desde su oración en el huerto hasta su muerte en la cruz. Se rezan los martes y los viernes. Ofrecerlos por las almas del purgatorio tiene mucho sentido: todo lo que las purifica nace de esa Pasión.

Qué son los misterios dolorosos y cuándo se rezan

En el Rosario, un misterio es un momento de la vida de Jesús o de María que se contempla mientras se reza una decena: un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria. Los misterios dolorosos recorren la Pasión del Señor.

San Juan Pablo II explica en Rosarium Virginis Mariae que el Rosario escoge algunos momentos de la Pasión e invita a fijar en ellos «la mirada de su corazón» (n. 22). En la misma carta recoge la costumbre de dedicar a estos misterios el martes y el viernes (n. 38). El viernes, día en que murió Jesús, les va especialmente bien.

Si es la primera vez que rezas el Rosario, tienes cada paso explicado en cómo rezar el Rosario. Y si ya rezaste con nosotros los misterios gozosos por las almas del purgatorio, aquí seguimos el mismo camino.

¿Por qué ofrecer la Pasión por las almas del purgatorio?

Las almas del purgatorio murieron en gracia de Dios y tienen asegurada la salvación, pero aún necesitan purificarse para entrar en el cielo (Catecismo, n. 1030). Esa purificación les llega de Cristo, que cargó con nuestros pecados en la cruz. San Pedro lo resume así: «Con sus heridas fuisteis curados» (1 Pe 2, 24).

Cuando rezas los misterios dolorosos por ellas, pides al Padre que les aplique el fruto de la Pasión de su Hijo. No añades nada a lo que hizo Jesús: te unes a su ofrenda, como Él mismo quiere que hagan sus discípulos (Catecismo, n. 618). Y lo haces de la mano de María, que estuvo al pie de la cruz.

Eso sí, ninguna oración funciona como un mecanismo. Cuándo y cómo llega la ayuda a cada alma lo decide la misericordia de Dios.

Los cinco misterios dolorosos, uno a uno

Para cada misterio tienes la cita del Evangelio, una idea para meditar y una forma de ofrecerlo. Puedes leer la cita en voz baja antes de empezar la decena.

1. La oración de Jesús en el huerto

Cita: Mt 26, 36-46; Lc 22, 39-46.

En Getsemaní, Jesús siente tristeza y angustia. San Lucas cuenta que su sudor caía hasta el suelo como gotas espesas de sangre. Y aun así reza al Padre: «Que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42).

Por las almas: ofrece esta decena por quienes en vida lucharon por aceptar la voluntad de Dios en la enfermedad, en la soledad o en el dolor. Pide que el «sí» de Jesús cubra lo que a ellos les faltó.

2. La flagelación

Cita: Mt 27, 26; Mc 15, 15; Jn 19, 1.

Pilato manda azotar a Jesús, aunque él mismo ha reconocido que no encuentra en Él ninguna culpa (Jn 18, 38). Siglos antes, Isaías lo había anunciado del Siervo de Dios: «Nuestro castigo saludable cayó sobre él» (Is 53, 5).

Por las almas: ofrécela por quienes se purifican de los pecados cometidos con el cuerpo, de las faltas de dominio de sí. Pide que las llagas de Cristo curen lo que todavía las separa de Dios.

3. La coronación de espinas

Cita: Mt 27, 27-31; Mc 15, 16-20; Jn 19, 2-3.

Los soldados visten a Jesús de púrpura, le ciñen una corona de espinas y se burlan de Él con un «¡Salve, rey de los judíos!». El Rey del universo acepta ser tratado como un rey de burla.

Por las almas: ofrécela por las almas que en vida buscaron demasiado el aplauso o el poder, y también por las que fueron humilladas y despreciadas. Pide para todas «la corona inmarcesible de la gloria» (1 Pe 5, 4), es decir, la que no se marchita.

4. Jesús con la cruz a cuestas

Cita: Jn 19, 16-17; Lc 23, 26-32.

Jesús sale hacia el Calvario cargando Él mismo con la cruz. Por el camino, echan mano de Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargan la cruz para que la lleve detrás de Él (Lc 23, 26).

Por las almas: rezar por los difuntos se parece a lo que hizo el Cireneo: ayudas a llevar una carga que no es tuya. Ofrece esta decena por las almas más olvidadas, las que no tienen a nadie que rece por ellas.

5. La crucifixión y muerte de Jesús

Cita: Lc 23, 33-46; Jn 19, 25-30.

En la cruz, Jesús perdona a quienes lo crucifican, promete el paraíso al buen ladrón y entrega a su Madre al discípulo amado. Al final dice: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23, 46).

Por las almas: ofrécela por tus difuntos, nombrándolos uno a uno. Y pide para ellos lo mismo que el buen ladrón pidió para sí: que Jesús se acuerde de ellos en su reino (Lc 23, 42).

Cómo rezar los misterios dolorosos por los difuntos

Algunas pautas sencillas para el martes o el viernes:

  1. Di tu intención al empezar. Por ejemplo: «Señor, te ofrezco estos misterios de tu Pasión por las almas del purgatorio, y en especial por…».
  2. Anuncia cada misterio y lee su cita. Medio minuto de silencio ayuda a meditar.
  3. Cierra cada decena pidiendo por ellas. Una fórmula tradicional: «Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellas la luz perpetua. Descansen en paz. Amén».
  4. Pide también una virtud para ti. San Luis María Grignion de Montfort, en uno de sus métodos para rezar el Rosario, pedía con estos misterios contrición y conformidad con la voluntad de Dios, mortificación de los sentidos, desprecio del mundo, paciencia para llevar la cruz y, en el último, una buena muerte para nosotros y para los que están en agonía.

La indulgencia del Rosario, también para ellas

Si rezas las cinco decenas seguidas en una iglesia, en familia o en grupo, meditando los misterios, puedes ganar indulgencia plenaria con las condiciones habituales: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa y rechazo de todo apego al pecado. Rezado a solas, la indulgencia es parcial. Y cualquiera de las dos se puede aplicar a un difunto (Manual de indulgencias, concesión 17 y norma 3). Lo explicamos con detalle en la indulgencia plenaria del Rosario.

La Pasión que contemplas se hace presente en la Misa

Los misterios dolorosos terminan en el Calvario. Y el Calvario no queda lejos de nosotros: la Iglesia enseña que el sacrificio de la cruz y el de la Misa son «un único sacrificio» (Catecismo, n. 1367). Por eso la Santa Misa es el mayor sufragio por los difuntos: lo que en el Rosario contemplas, en el altar se ofrece.

Si te ayudan las oraciones centradas en la Pasión, también puedes rezar por las almas con los siete ofertorios de la Preciosa Sangre.

Y si quieres que cada mes se celebre una Misa por las almas del purgatorio, en consagrarse.info puedes elegir uno de los compromisos mensuales, desde 10,50 € al mes. Todos incluyen una Misa al mes por ellas, que tu Rosario de cada martes y viernes puede acompañar.

UNA MISA CADA MES

Una misa cada mes por las almas del purgatorio

Todos los compromisos incluyen lo mismo: una Misa al mes ofrecida por las almas del purgatorio. Lo que aportas por encima del estipendio de la Misa ayuda a sostener esta obra.

Elige cuánto quieres aportar cada mes

Has elegido Ofertorio · 10,50 € al mes: una misa al mes por las almas del purgatorio.

Continuar

Condiciones y cómo cancelar

Preguntas frecuentes

¿Qué días se rezan los misterios dolorosos?

Los martes y los viernes, según la distribución que recoge san Juan Pablo II en Rosarium Virginis Mariae (n. 38). Es una orientación: el propio Papa dejaba libertad para adaptarla a cada persona y a cada tiempo litúrgico.

¿Cuáles son los cinco misterios dolorosos?

La oración de Jesús en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, Jesús con la cruz a cuestas, y la crucifixión y muerte de Jesús.

¿Puedo ofrecer cada misterio por un difunto distinto?

Sí. Puedes ofrecer el Rosario entero por todas las almas del purgatorio o dedicar cada decena a una persona: tus padres, un amigo, alguien que murió sin nadie cerca.

¿Sirve rezar un solo misterio al día por los difuntos?

Sí. Toda oración por ellos es buena, y más vale poco y constante que mucho de vez en cuando. Para la indulgencia plenaria del Rosario, en cambio, hay que rezar las cinco decenas seguidas.

Comparte este artículo