Devoción a la Preciosa Sangre: Una Tradición para el Mes de Julio
Por tradición, el mes de julio se vive con un enfoque espiritual muy especial: honrar la Sangre de Cristo. Para acompañarte en este camino de fe, te compartimos los siete ofrecimientos a la Preciosa Sangre, una práctica esencial para profundizar en la devoción durante estos días.
El Origen: Un Fundamento Bíblico
Esta devoción no es una moda reciente; tiene sus raíces directamente en las Sagradas Escrituras. Como bien señalaba San Pedro en su primera carta:
«Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo» (1 Pe 1, 18-19).
De la Misericordia a la Devoción Universal
Aunque durante siglos la Sangre de Jesús se contempló principalmente como el reflejo máximo de su Divina Misericordia, fue en el siglo XIX cuando cobró una fuerza especial. Este impulso definitivo llegó gracias a San Gaspar del Búfalo y, posteriormente, a Santa María de Mattias, quienes se convirtieron en los grandes promotores e inspiradores de esta devoción tal como la conocemos hoy.
La Oración de los 7 Ofertorios a la Sangre de Cristo:
Oraciones iniciales:
Por la señal † de la Santa Cruz, de nuestros † enemigos, líbranos † Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, † y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.
I. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu hijo Amadísimo hijo y nuestro Divino Redentor, por la propagación y exaltación de mi querida Madre la Santa Iglesia Católica, por la seguridad y prosperidad de su cabeza visible, el Romano Pontífice, por los cardenales, obispos y pastores de las almas, y por los ministros de su santuario.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
II. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por la paz y concordia de las naciones, por la conversión de los enemigos de nuestra fe y por la felicidad de todos los cristianos.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
III. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por la arrepentimiento de todos los no-creyentes, la extirpación de las herejías, y la conversión de los pecadores.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
IV. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por todas mis relaciones, amigos y enemigos, por los pobres, los enfermos, y aquellos en tribulación, y or todos los que tu deseas que yo ore, o consideras que debería de orar.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
V. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por todos aquello que este día pasaran a la otra vida, para que los preserves de las penas del infierno y los admitas a la posesión de tu Gloria.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
VI. Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por todos aquellos que son amantes del gran tesoro de su sangre, y por todos los que se me unen en adorarlo y honrarlo, y por todos los que ayudan a dar a conocer esta devoción.
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
VII Padre Eterno, Padre Eterno, te ofrezco los méritos de la Preciosa Sangre de Jesús, Tu Amadísimo Hijo y Nuestro Divino Redentor, por todas mis necesidades, tanto espirituales como temporales, por las Almas del Purgatorio, y en particular por todos aquellos que en su vida fueron devotos al precio de su Redención, y por los dolores y sufrimientos de nuestra Madre, María Santísima…..
Gloria al Padre. y al Hijo. y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Bendecido y adorado sea por siempre Jesús, que nos ha salvado por su Preciosa Sangre. Amen.
Bendecida y exaltada sea la Sangre de Jesús, ahora y siempre, y por toda la eternidad. Amen.
En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

