16 de octubre de 2026
Misterios gloriosos: ofrécelos por las almas del purgatorio
Por Marc Millet
Los misterios gloriosos del Rosario contemplan la Resurrección de Jesús, su Ascensión, la venida del Espíritu Santo, la Asunción de María y su coronación como Reina. Se rezan los miércoles y los domingos. Ofrecidos por las almas del purgatorio, ponen ante los ojos la meta hacia la que caminan: el cielo.
Qué son los misterios gloriosos y cuándo se rezan
Son las cinco últimas escenas del Rosario tradicional. Después del dolor de la Pasión, el Rosario invita a mirar la gloria: la de Cristo resucitado y la de su Madre, llevada al cielo.
San Juan Pablo II escribe en Rosarium Virginis Mariae que estos misterios «alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica» (n. 23), es decir, en lo que nos espera al final. Y propone rezarlos el miércoles y el domingo (n. 38). El domingo es el día de la Resurrección, así que encajan muy bien.
Si nos acompañas desde el principio, ya has rezado por las almas los misterios gozosos y los misterios dolorosos. Hoy seguimos el mismo esquema.
¿Por qué ofrecer los misterios gloriosos por las almas del purgatorio?
Las almas del purgatorio ya no pueden perder a Dios. El Catecismo enseña que quienes mueren en gracia de Dios, aunque no del todo purificados, están «seguros de su eterna salvación»; solo les falta purificarse para entrar en la alegría del cielo (Catecismo, n. 1030). Viven en la espera.
Los misterios gloriosos hablan justamente de lo que esperan: la vida con Cristo resucitado, la casa del Padre, la compañía de María y de los santos. Cuando los rezas por ellas, pides que llegue pronto ese encuentro. Y tú mismo te llenas de esperanza ante la muerte de los tuyos.
San Pablo lo escribió a unos cristianos que lloraban a sus muertos: no queremos que os aflijáis «como los que no tienen esperanza» (1 Tes 4, 13). Rezar por los difuntos es un acto de esa esperanza.
Los cinco misterios gloriosos, uno a uno
Para cada misterio tienes la cita bíblica, una idea para meditar y una forma de ofrecerlo por las almas. Lee la cita, guarda un momento de silencio y empieza la decena.
1. La Resurrección de Jesús
Cita: Mt 28, 1-7; Lc 24, 1-8.
Las mujeres van al sepulcro el primer día de la semana y lo encuentran vacío. Dos hombres con vestidos refulgentes les preguntan: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (Lc 24, 5). La muerte no ha tenido la última palabra.
Por las almas: ofrece esta decena con fe en la resurrección de la carne. La Iglesia cree que, como Cristo resucitó, también los justos vivirán para siempre con Él, y que Él los resucitará en el último día (Catecismo, n. 989). Pide por los difuntos que se fueron con poca fe o con miedo.
2. La Ascensión del Señor
Cita: Lc 24, 50-53; Hch 1, 9-11.
Jesús bendice a sus discípulos y es llevado al cielo. Antes les había prometido: «Me voy a prepararos un lugar» (Jn 14, 2). Su marcha no es un abandono: abre el camino.
Por las almas: pide que entren cuanto antes en ese lugar que Jesús les ha preparado. Ofrécela especialmente por tus familiares difuntos, para que un día volváis a estar juntos en la casa del Padre.
3. La venida del Espíritu Santo
Cita: Hch 2, 1-4; Hch 1, 14.
Los apóstoles perseveran en la oración junto a María. El día de Pentecostés, el Espíritu Santo se posa sobre ellos como lenguas de fuego, y la Iglesia sale a anunciar a Cristo.
Por las almas: el Espíritu Santo es el Amor de Dios. Pide que termine en esas almas la obra que empezó en su bautismo, y que las deje limpias para ver a Dios. Ofrécela también por los difuntos de tu parroquia y de tu comunidad.
4. La Asunción de María al cielo
Cita: no hay un relato bíblico de la Asunción; es un dogma de fe definido por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950. Para meditarla ayuda 1 Cor 15, 20-23: «primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo».
Terminada su vida en la tierra, María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. El Catecismo dice que su Asunción es «una anticipación de la resurrección de los demás cristianos» (Catecismo, n. 966).
Por las almas: María ya está donde ellas desean llegar. Pídele, como Madre, que interceda por las que más lo necesitan.
5. La coronación de María como Reina
Cita: Ap 12, 1.
San Juan ve en el cielo «una mujer vestida del sol», con «una corona de doce estrellas sobre su cabeza». La Iglesia ha visto en esta imagen a María, a quien Dios enalteció como Reina del universo (Catecismo, n. 966).
Por las almas: ofrece la última decena por todas las almas del purgatorio, en especial por las más olvidadas. Pide a la Reina del cielo que las lleve al lugar donde Dios «enjugará toda lágrima de sus ojos» (Ap 21, 4).
Cómo rezar los misterios gloriosos por los difuntos
Unas pautas para el miércoles o el domingo:
- Empieza diciendo por quién rezas. Por ejemplo: «Madre, te ofrezco estos misterios de gloria por las almas del purgatorio, y hoy en especial por…».
- Lee la cita y deja que se quede contigo. No hace falta más que una frase.
- Acaba cada decena con el «Dales, Señor, el descanso eterno», la oración tradicional por los difuntos.
- Pide una gracia para ti. San Luis María Grignion de Montfort, en uno de sus métodos para rezar el Rosario, pedía con estos misterios fe viva, esperanza firme y gran deseo del cielo, la sabiduría divina, una verdadera devoción a María para bien vivir y morir, y la perseverancia hasta la corona eterna. Curiosamente, él unía en una sola decena la Inmaculada Concepción y la Asunción.
Una indulgencia que puedes aplicar a un difunto
El Rosario de cinco decenas seguidas, rezado en familia, en una iglesia o en grupo, puede llevar indulgencia plenaria si cumples las condiciones de siempre: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa y rechazo de todo apego al pecado. Rezado a solas, la indulgencia es parcial. Ambas se pueden ofrecer por los difuntos (Manual de indulgencias, concesión 17 y norma 3). Tienes todos los detalles en la indulgencia plenaria del Rosario.
La Misa, prenda de la resurrección
Jesús unió la Eucaristía con la resurrección: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). Por eso la Misa es el lugar natural para rezar por los que esperan la gloria.
La Iglesia ofrece el sacrificio de la Misa por los difuntos, y la considera el mayor sufragio. Lo explicamos en la Santa Misa, el mayor sufragio, y ayer vimos cómo se completan la Misa y el Rosario por los difuntos.
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ContinuarPreguntas frecuentes
¿Qué días se rezan los misterios gloriosos?
Los miércoles y los domingos, según la distribución que propone san Juan Pablo II en Rosarium Virginis Mariae (n. 38). Es una costumbre, no una norma: puedes rezarlos otro día si lo necesitas.
¿Cuáles son los cinco misterios gloriosos?
La Resurrección de Jesús, la Ascensión del Señor, la venida del Espíritu Santo, la Asunción de María al cielo y la coronación de María como Reina del cielo y de la tierra.
¿La Asunción de María está en la Biblia?
No hay un relato bíblico de la Asunción. Es un dogma definido por Pío XII en 1950, apoyado en la fe de la Iglesia. La Escritura ofrece textos que ayudan a meditarla, como 1 Cor 15, 20-23 o Ap 12, 1.
¿Por qué rezar los misterios gloriosos por los difuntos?
Porque recuerdan adónde van las almas del purgatorio: al cielo, con Cristo y con María. Rezarlos por ellas es pedir que lleguen pronto, y a ti te ayuda a vivir el duelo con esperanza.