Te bendigo, oh Padre Celestial, Padre de mi Señor Jesucristo, porque te has dignado acordarte de mí, pobre como soy. ¡Oh, Padre de las Misericordias y Dios de toda consolación1, te doy gracias, que me refrescas a veces con tu propio consuelo, cuando soy indigno de todo consuelo! Te bendigo y glorifico continuamente, con tu unigénito Hijo y el Espíritu ...
—¡Hijo Mío! camina ante Mí en verdad, y en la sencillez de tu corazón búscame continuamente. El que camina ante Mí en la verdad estará a salvo de los asaltos malignos, y la verdad lo librará de las astucias y calumnias de los malvados. Si la verdad te hace libre, serás verdaderamente libre, y no te importarán las vanas palabras ...
—Hijo Mío, oye Mis palabras, porque Mis palabras son dulcísimas, superando todo el conocimiento de los filósofos y sabios de este mundo. Mis palabras son espíritu y son vida1, y no han de ser pesadas por el entendimiento del hombre. No han de ser sacadas para vana aprobación, sino oídas en silencio, y recibidas con toda humildad y con profundo ...
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