La devoción a las almas del purgatorio: de dónde viene y cómo llegó hasta nosotros
Rezar por los que ya se fueron nos parece algo de siempre. Nuestras abuelas lo hacían, y a ellas se lo enseñaron las suyas. Pero ¿desde cuándo reza la Iglesia por las almas del purgatorio? ¿Quién empezó? ¿Cómo pasó de ser una costumbre de unos pocos a llenar los pueblos de España de altares, campanas y cofradías?
En este artículo no vamos a ver oraciones concretas (de eso tienes mucho en la sección de almas del purgatorio). Vamos a hacer algo distinto: recorrer la historia de esta devoción, siglo a siglo, para entender por qué la Iglesia nunca ha dejado de rezar por sus difuntos.
Antes de Cristo: el gesto de Judas Macabeo
La primera huella clara está en la Biblia, en el segundo libro de los Macabeos (capítulo 12). Tras una batalla, Judas Macabeo descubre que algunos de sus soldados muertos llevaban amuletos paganos. En lugar de darlos por perdidos, hace una colecta y envía dinero a Jerusalén para que se ofrezca un sacrificio por ellos. El texto lo llama un pensamiento santo y piadoso: rezar por los muertos para que queden libres de su pecado.
Es un detalle importante. Ya antes de Jesús, el pueblo de Israel creía que los vivos podían hacer algo por los difuntos. La Iglesia recogió esa fe y la llenó de sentido a la luz de Cristo.
Los primeros cristianos: oraciones en las catacumbas
En las catacumbas de Roma todavía se leen inscripciones de los primeros siglos que piden paz y descanso para el difunto, o que piden al que pasa que rece por él. Una de las más famosas es el epitafio de Abercio, obispo de Hierápolis en el siglo II, que pide expresamente oraciones a quien lo lea.
Hay testimonios muy tempranos:
- Santa Perpetua, mártir en el año 203, cuenta en su diario que rezó por su hermano pequeño Dinócrates, muerto de niño, y que después lo vio en una visión aliviado y en paz.
- Tertuliano, a principios del siglo III, habla de la costumbre de ofrecer la Eucaristía por los difuntos en el aniversario de su muerte.
- Santa Mónica, antes de morir, pidió a su hijo San Agustín que no se preocupara por dónde enterrarla, solo que se acordara de ella en el altar del Señor. Agustín lo cuenta con emoción en sus Confesiones.
Es decir, desde el principio la oración por los difuntos está unida a la Misa. No es una devoción que se añadió después: nace junto al altar.
San Gregorio Magno y el origen de las misas gregorianas
A finales del siglo VI, el papa San Gregorio Magno cuenta en sus Diálogos la historia de un monje llamado Justo, fallecido en su monasterio. Gregorio mandó celebrar por él la Misa durante treinta días seguidos, y al terminar, el monje se apareció a un hermano para decirle que ya estaba libre.
De ahí viene la costumbre de las misas gregorianas: treinta misas seguidas por un mismo difunto.
Cluny y el nacimiento del 2 de noviembre
El gran salto llegó hacia el año 998. San Odilón, abad del monasterio de Cluny (Francia), mandó que todos los monasterios que dependían de él dedicaran el día siguiente a Todos los Santos a rezar por todos los fieles difuntos.
Cluny tenía cientos de monasterios repartidos por Europa, así que la costumbre corrió muy deprisa. Con el tiempo, Roma la adoptó para toda la Iglesia. Así nació la conmemoración del 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos.
La Edad Media pone nombre a lo que ya se vivía
La fe en la purificación después de la muerte existía desde siempre, pero la palabra purgatorio como sustantivo se generalizó en el siglo XII. A partir de ahí, los teólogos y los concilios lo explicaron con más detalle. El Concilio de Lyon (1274) y el de Florencia (1439) enseñaron que las almas que mueren en gracia de Dios, pero sin estar del todo purificadas, pueden recibir ayuda de los vivos con misas, oraciones, limosnas y otras obras buenas.
También entonces aparecen los santos que se convertirán en grandes amigos de las almas del purgatorio. San Nicolás de Tolentino (siglo XIII) es considerado su patrono. Y más tarde, Santa Catalina de Génova escribió su Tratado del purgatorio, donde explica que el mayor dolor de esas almas no es un castigo, sino el deseo enorme de ver a Dios.
Trento y la gran expansión en España
En el siglo XVI, la Reforma protestante negó el purgatorio. La Iglesia respondió en el Concilio de Trento (1563) reafirmando la doctrina, pero también pidiendo a los predicadores prudencia: nada de curiosidades morbosas ni supersticiones, sino hablar de ello con seriedad.
Lo que vino después fue una explosión de devoción, sobre todo en España y en América:
- Cofradías de ánimas en casi todas las parroquias, dedicadas a pagar misas y rezar por los difuntos más olvidados.
- Retablos y altares de ánimas, con pinturas que muestran a las almas entre llamas, mirando hacia la Virgen, los santos o la Eucaristía.
- El toque de ánimas: al caer la noche, la campana de la iglesia sonaba para recordar a todo el pueblo que rezara por los difuntos.
- Los petos de ánimas en Galicia: pequeños altares de piedra en los caminos y encrucijadas, con una hucha para dejar limosna por las almas.
- Los pedidores de ánimas, que recorrían casas y mercados recogiendo limosnas para misas.
Los misioneros llevaron todo esto a América, donde todavía hoy se conservan cofradías, altares y costumbres muy vivas.
La Virgen del Carmen y el acto heroico
Dos devociones ayudaron mucho a extender el amor por las almas del purgatorio.
La primera es la de la Virgen del Carmen, a quien la tradición carmelita presenta como madre que baja a consolar y rescatar a las almas de los que llevaron su escapulario. Por eso en muchos altares de ánimas aparece la Virgen con el escapulario en la mano.
La segunda es el llamado acto heroico de caridad, que se difundió en el siglo XVIII y fue aprobado por los papas: consiste en ofrecer por las almas del purgatorio todo el valor de reparación de nuestras obras buenas en vida, y los sufragios que otros ofrezcan por nosotros después de morir. Es una entrega total, muy en la línea del espíritu de consagración. Consagración de 33 días al Corazón Inmaculado
El siglo XX: la guerra y las tres misas
Durante la Primera Guerra Mundial murieron millones de personas, muchas sin nadie que rezara por ellas. En 1915, el papa Benedicto XV permitió que todos los sacerdotes del mundo celebraran tres misas el 2 de noviembre: una por las intenciones que quisieran, otra por todos los fieles difuntos y otra por las intenciones del Papa. Ese privilegio sigue vigente hoy.
¿Qué dice la Iglesia hoy?
El Concilio Vaticano II recordó que la Iglesia está formada por los que caminamos en la tierra, los que se purifican y los que ya gozan del cielo, y que entre todos hay una verdadera ayuda mutua. Es lo que llamamos comunión de los santos.
El Catecismo (números 1030 a 1032) resume la doctrina con sencillez: quienes mueren en gracia de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan por una purificación antes de entrar en el cielo, y la Iglesia recomienda las oraciones, la Misa, las limosnas y las indulgencias en su favor.
Benedicto XVI, en su encíclica Spe salvi, lo explicó de una forma muy bonita: el fuego que purifica es el mismo Cristo, cuya mirada nos quema y a la vez nos sana.
Una devoción que vuelve
Durante unas décadas, esta devoción se enfrió en muchos lugares. Desaparecieron cofradías, se dejó de tocar la campana de ánimas y los altares quedaron como piezas de museo. Pero hoy muchos católicos la están redescubriendo, porque responde a algo muy humano: no queremos que la muerte rompa el amor.
Rezar por las almas del purgatorio es, en el fondo, seguir queriendo a los que se fueron. Y es también una escuela de caridad desinteresada, porque muchas de esas almas no tienen a nadie que se acuerde de ellas. Si quieres empezar con algo sencillo, puedes rezar el rosario de cien réquiem o encargar una Misa por las almas del purgatorio.
Preguntas frecuentes
¿Desde cuándo se reza por las almas del purgatorio?
Desde antes de Cristo: el segundo libro de los Macabeos ya recoge un sacrificio por los difuntos. Los primeros cristianos lo continuaron, sobre todo ofreciendo la Misa por ellos.
¿Quién instituyó el Día de los Difuntos?
San Odilón de Cluny, hacia el año 998, para sus monasterios. Después se extendió a toda la Iglesia.
¿Por qué se llaman misas gregorianas?
Por San Gregorio Magno, que en el siglo VI mandó celebrar treinta misas seguidas por un monje difunto.
¿Quién es el patrono de las almas del purgatorio?
Se considera patrono a San Nicolás de Tolentino, y la Virgen del Carmen es muy venerada como su madre y protectora.



