Leer la Imitación de Cristo sirve para parecerte a Jesús en lo pequeño de cada día. El Kempis no busca que sepas más, sino que vivas mejor: te ayuda a mirarte con verdad, a soltar lo que te ata y a rezar con el corazón. Bastan unos minutos diarios.
Qué es la Imitación de Cristo
Es un libro de espiritualidad escrito en latín a comienzos del siglo XV. Se atribuye a Tomás de Kempis, un canónigo regular (un sacerdote que vive en comunidad bajo una regla) que pasó casi toda su vida en un monasterio de los Países Bajos. Por eso muchos lo llaman, sin más, «el Kempis».
Está dividido en cuatro libros de capítulos cortos:
- Libro primero: consejos para empezar la vida espiritual.
- Libro segundo: la vida interior, la paz del corazón y la cruz.
- Libro tercero: un diálogo entre Cristo y el alma. Es el más largo.
- Libro cuarto: la Eucaristía y cómo prepararse para comulgar.
El primer capítulo arranca con unas palabras de Jesús: «Quien me sigue no anda en tinieblas» (Jn 8, 12). De ahí sale todo el libro, porque imitar a Cristo es el centro de la vida cristiana. Como recuerda el Catecismo, durante toda su vida «Jesús se muestra como nuestro modelo» (n. 520).
¿Para qué sirve leer el Kempis?
Es un libro práctico. Cada capítulo toca un punto concreto de la vida: la lengua, la tentación, el trato con los demás, la oración. Estos son los frutos que más se notan cuando se lee con constancia.
Para conocerte con verdad
El Kempis empieza bajando los humos: «¿qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios?» (I, 2). Te invita a la humildad, que no es despreciarte, sino verte tal como eres: con tus dones, que vienen de Dios, y con tus fallos, que son tuyos.
Esa mirada da mucha paz. Quien se conoce ya no necesita aparentar, ni se hunde cuando cae.
Para soltar lo que te ata
El libro habla mucho del «mundo» y de las «vanidades». No se refiere a las cosas buenas de la vida, sino a todo lo que nos aparta de Dios: el afán de quedar bien, de tener, de mandar. Su frase más conocida lo resume: «¡Oh, qué pronto pasa la gloria del mundo!» (I, 3).
A esto se le llama desapego: usar las cosas sin que las cosas te usen a ti. Hasta dedica un capítulo a pensar en la muerte (I, 23), no para asustar, sino para poner cada cosa en su sitio. Esa misma fe en la vida eterna es la que nos mueve a rezar por los difuntos y por las almas del Purgatorio.
Para rezar desde dentro
El segundo libro abre con un consejo: aprende a dejar lo exterior y a darte a lo interior, «y verás venir a ti el reino de Dios» (II, 1). Eso es la vida interior: tratar a Dios en el fondo del corazón, y no solo cumplir con unas prácticas.
El tercer libro va más lejos. Está escrito como una conversación en la que Jesús habla y el discípulo responde. Leído despacio, enseña a rezar con palabras sencillas y propias.
Los capítulos sobre el amor a Jesús (II, 7 y 8) y el libro cuarto, sobre la Eucaristía, encajan muy bien con quien vive la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.
Para llevar la cruz con paz
Hay un capítulo que muchos lectores guardan como un tesoro: «Del camino real de la santa cruz» (II, 12). Recuerda que las contrariedades, bien llevadas, nos unen a Jesús. El Catecismo lo dice con claridad: «El camino de la perfección pasa por la cruz» (n. 2015).
No es un elogio del sufrimiento. Es una manera de no desperdiciarlo.
Para cambiar de verdad, poco a poco
El Kempis es realista. No pide heroicidades de un día para otro: «si cada año arrancáramos un vicio, pronto seríamos perfectos» (I, 11). Y recuerda para qué se lee: el día del juicio no nos preguntarán qué hemos leído, sino qué hemos hecho (I, 3).
Un libro que han leído los santos
Santa Teresa del Niño Jesús cuenta en Historia de un alma que de jovencita se sabía de memoria casi todos sus capítulos. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios espirituales (n. 100), aconseja leer algunos ratos en la Imitación de Cristo, en los Evangelios y en vidas de santos.
La Iglesia valora este tipo de lectura. El Catecismo explica que la meditación se hace habitualmente con la ayuda de algún libro, y entre ellos nombra las «obras de espiritualidad» (n. 2705). El Kempis es una de las más probadas.
Cómo leer la Imitación de Cristo cada día
El propio libro da la clave: lee «con humildad, con sencillez y con fidelidad» (I, 5). En la práctica, puede ayudarte este orden:
- Pide luz antes de empezar. Basta una oración breve al Espíritu Santo.
- Lee poco y despacio. Un capítulo, o solo una parte si es largo. No es una novela.
- Quédate con una frase. La que te toque por dentro. Esa es la de hoy.
- Habla con Dios de ella. Convierte lo leído en oración, con tus palabras. Si te cuesta, apóyate en alguna de nuestras oraciones.
- Saca un propósito pequeño. Algo concreto para hoy: callar una queja, pedir perdón, ayudar sin que se note.
- Repasa el día por la noche. El Kempis lo aconseja así: por la mañana haz tu propósito y por la noche mira cómo te has portado en palabras, obras y pensamientos (I, 19).
Ese repaso nocturno es el examen de conciencia: unos minutos para mirar el día con Dios, darle gracias, pedirle perdón y proponerte mejorar mañana.
Si alguna página se te hace dura
El Kempis se escribió para religiosos del siglo XV, y a veces se nota. Algunos capítulos hablan de la vida en el convento y el tono puede sonar austero. Toma lo que sirve para tu estado de vida y sigue adelante. Leído junto al Evangelio, todo encuentra su sitio.
Leer el Kempis en consagrarse.info
Para ponértelo fácil, en La imitación de Cristo – Kempis tienes el libro organizado como un camino diario:
- Lectura de hoy: un capítulo para cada día, sin tener que buscarlo.
- Reto de hoy: una práctica concreta. Por ejemplo, el reto de la paciencia: soportar una contrariedad sin murmurar ni irritarte.
- Examen: después de leer, un repaso del día a la luz de lo leído.
- Diario: un espacio para apuntar lo que Dios te va diciendo.
- Biblioteca: los cuatro libros completos, con buscador por palabras, para leer libremente.
La lectura del día y la biblioteca están abiertas a todos. Si creas una cuenta, se guardan tu lectura, tu examen y tu diario, y puedes seguir tu progreso. Y con Kempis Pro tienes itinerarios para momentos concretos: 30 días imitando a Cristo, Adviento, Cuaresma o la preparación para la confesión, entre otros.
Preguntas frecuentes
¿Quién escribió la Imitación de Cristo?
Se atribuye a Tomás de Kempis (hacia 1380-1471), canónigo regular en los Países Bajos. Durante siglos se discutió quién era el autor, y la obra llegó a atribuirse a otros, pero hoy la atribución más aceptada es la de Kempis.
¿Cuánto tiempo hay que dedicarle al día?
Con diez minutos basta. Muchos capítulos se leen en muy poco tiempo, y el resto es para rezar con lo leído. Vale más la constancia que la cantidad.
¿Se puede leer sin ser religioso ni sacerdote?
Sí. Nació en un monasterio, pero lo han leído durante siglos laicos de toda condición. Los capítulos que hablan de la vida religiosa puedes tomarlos como una llamada a vivir tu propia vocación con la misma entrega.
¿Por qué libro empiezo?
Lo más sencillo es seguir el orden, desde el primer capítulo del libro primero. Si ya tienes camino hecho, el segundo es una buena puerta a la vida interior, y el cuarto ayuda mucho a preparar la comunión.
Lo más práctico es leerlo paso a paso en esta sección.
¿No es un libro demasiado triste?
Tiene un tono serio, pero no triste. Habla del gozo de la buena conciencia (II, 6), de amar a Jesús sobre todas las cosas (II, 7) y de la paz que da confiar en Dios. Quien lo lee con calma suele encontrar en él más consuelo que dureza.



