De la voz interior de Cristo al alma fiel
—Escucharé lo que el Señor Dios dirá dentro de mí1. Bienaventurada el alma que oye al Señor hablar dentro de ella, y recibe de Su boca la palabra de consolación. Bienaventurados los oídos que reciben los ecos del suave susurro de Dios, y no se desvían a los susurros de este mundo.
Bienaventurados en verdad los oídos que no escuchan la voz que resuena afuera, sino la que enseña la verdad interiormente. Bienaventurados los ojos que están cerrados a las cosas de afuera, pero fijos en las de adentro. Bienaventurados los que escudriñan las cosas interiores y se esfuerzan por prepararse más y más con ejercicios diarios para recibir los misterios celestiales.
Bienaventurados los que anhelan tener tiempo libre para Dios, y se liberan de todo impedimento del mundo. Piensa en estas cosas, oh alma mía, y cierra las puertas de tus deseos carnales, para que puedas oír lo que el Señor Dios dirá dentro de ti. 2. Esto dice tu Amado:
—Yo soy tu salvación, soy tu paz y tu vida. Consérvate para Mí, y encontrarás la paz. Aparta de ti todas las cosas transitorias, busca las que son eternas. Porque, ¿qué son todas las cosas temporales sino engaños, y de qué te ayudarán todas las cosas creadas si eres abandonado por el Creador?
Por tanto, aparta todo lo demás, y entrégate al Creador, para serle agradable y fiel, a fin de que puedas alcanzar la verdadera bienaventuranza. 1 Salmo lxxxv. 8.