De la utilidad de la adversidad

Es bueno para nosotros que a veces tengamos pesares y adversidades, pues a menudo hacen que el hombre recapacite en su corazón que no es más que un extranjero y un peregrino, y que no debe poner su confianza en ninguna cosa del mundo. Es bueno que a veces soportemos contradicciones, y que se nos juzgue dura e injustamente, cuando hacemos y queremos el bien.

Porque estas cosas nos ayudan a ser humildes y nos protegen de la vanagloria. Pues entonces buscamos con más ahínco el testimonio de Dios, cuando los hombres hablan mal de nosotros falsamente y no nos dan crédito por el bien. 2. Por lo tanto, un hombre debería descansar enteramente en Dios, de modo que no necesite buscar mucho consuelo de mano de los hombres.

Cuando un hombre que teme a Dios es afligido o probado u oprimido por malos pensamientos, entonces ve que Dios le es más necesario, ya que sin Dios no puede hacer nada bueno. Entonces se apesadumbra su corazón, gime, clama por la misma inquietud de su corazón. Entonces se cansa de la vida, y desearía partir y estar con Cristo.

Por todo esto se le enseña que en el mundo no puede haber seguridad perfecta ni plenitud de paz.