—Hijo Mío, permíteme hacer contigo lo que Yo quiera; Yo sé lo que te conviene. Tú piensas como un hombre, en muchas cosas juzgas como te persuade el afecto humano. 2. Señor, lo que dices es verdad. Mayor es Tu cuidado por mí que todo el cuidado que yo puedo tener por mí mismo.
Porque demasiado inseguro está el que no pone todo su cuidado en Ti. Señor, mientras mi voluntad permanezca recta y firme en Ti, haz de mí lo que quieras, porque todo lo que hagas conmigo no puede ser sino bueno. Bendito seas si me dejas en la oscuridad; bendito seas también si me dejas en la luz.
Bendito seas si te dignas consolarme, y siempre bendito seas si me causas turbación. 3. —¡Hijo Mío! así has de estar si deseas caminar conmigo. Debes estar dispuesto tanto para el sufrimiento como para el gozo. Debes ser pobre y necesitado tan voluntariamente como pleno y rico.
4. Señor, soportaré voluntariamente por Ti todo lo que quieras que me sobrevenga. Sin elección recibiré de Tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, la alegría y la tristeza, y te daré gracias por todas las cosas que me sucedan. Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno.
Solo no me deseches para siempre, ni me borres del libro de la vida. Entonces ninguna tribulación que me sobrevenga me hará daño.