No des gran importancia a quién está a tu favor o en tu contra, sino ocúpate solo del deber presente y cuida de que Dios esté contigo en todo lo que ha gas. Ten una buena conciencia y Dios te defenderá, pues a quien Dios quiere ayudar, la perversidad de ningún hombre podrá dañar.
Si sabes callar y sufrir, sin duda verás la ayuda del Señor. Él conoce el tiempo y3 el modo de liberarte, por tanto debes entregarte a Él. A Dios le pertenece ayudar y librar de toda confusión. A menudo es muy provechoso para mantenernos en mayor humildad, que otros conozcan y reprendan nuestras faltas.
2. Cuando un hombre se humilla por sus defectos,4 entonces fácilmente apacigua a los demás y rápidamente satisface a los que están enojados contra él. Dios protege y libra al humilde, ama y consuela al humilde, al humilde se inclina, al humilde concede gran gracia, y cuando es abatido lo eleva a la gloria: al humilde revela Sus secretos, y dulcemente lo atrae y lo invita a Sí mismo.
El hombre humilde, habiendo recibido oprobio, está sin embargo en suficiente paz, porque descansa en Dios y no en el mundo. No te consideres haber progresado de ninguna manera a menos que te sientas inferior a todos.